Cuando empecé mi viaje por el sudeste asiático, no sabía ni por dónde empezar. Solo tenía claro que quería vivir en el país de verdad, no solo de vacaciones: quería sentir cómo viven, cómo piensan, cómo se relacionan.
Pronto me di cuenta de algo que cambia por completo la experiencia de viajar: viajar así implica confrontarte con tus propios hábitos, ideas y formas de actuar arraigadas. Muchas veces no somos conscientes de cómo nuestro comportamiento, nuestros prejuicios y nuestra forma de pensar nos alejan de la autenticidad del lugar. Cambiar tu forma de viajar significa, en gran parte, mirarte a ti misma y cuestionarte constantemente, no para sobreanalizar, sino para entender cómo interactúas con un mundo distinto al tuyo.

Ese cuestionamiento me llevó a decisiones más conscientes: moverme hacia voluntariados, interesarme genuinamente por la vida local, preguntar, consumir y comer productos del país, integrarme de manera real. Eso no es solo logística, es transformación. Te cambia la perspectiva, la manera en la que eliges, priorizas y experimentas cada momento. Empiezas a vivir más en el presente y a valorar la profundidad de cada interacción, cada gesto, cada conversación.
Aprendí también que cada persona tiene un concepto distinto de “vivir viajando”. Conocí viajeros que pasaban uno, dos o tres meses en el sudeste asiático y su prioridad era recorrer países como si fueran unas vacaciones extendidas. Y aunque su tiempo allí tenía valor, su experiencia se alejaba de la temática de “vivir viajando”, de sumergirse de verdad en la vida local.

Al mismo tiempo, ser consciente de mi posición me llevó a otra reflexión: tengo privilegios que me permiten viajar low cost, moverme con libertad y “actuar” de local por un tiempo. A veces esto me ha hecho sentir culpable, como si no tuviera derecho a disfrutar de esa experiencia mientras otros no pueden. Pero aprendí que no se trata de boicotearme por tener privilegios, sino de apreciarlos profundamente, de vivir con respeto y gratitud, y de buscar maneras de devolver algo al lugar que visitas. Consumir local, integrarte y conectar no es solo un acto turístico, es una forma de honrar la cultura y valorar lo que tienes la suerte de experimentar.
Cambiar tu forma de viajar no es solo una cuestión de itinerarios o de lugares visitados, es un proceso que transforma tu percepción del mundo y de ti misma. Te hace más consciente, más respetuosa, más curiosa y te enseña que vivir viajando no es para todos, y tampoco tiene que ser igual para todos. Cada uno encuentra su manera de hacerlo, y lo importante es hacerlo con conciencia, apertura y gratitud.
