Cuando empiezas a viajar, todo parece tan complejo y profundo: hay tantos sitios que visitar, tantas cosas increíbles que ver, tantas experiencias posibles, que es difícil no querer hacerlo todo. A veces,viajando se nos olvida la importancia de la sencillez.

Pero, cuanto más viajas, más te das cuenta de algo: lo increíble y lo natural no están reñidos. Todo lo que ves, por muy espectacular que parezca, tiene un punto de sencillez que hace más fácil apreciarlo.

Viajar te enseña a valorar lo simple: la vida cotidiana, las pequeñas rutinas, la generosidad de la gente, su forma genuina de relacionarse, sus valores más auténticos. Te das cuenta de que lo que parece pequeño o cotidiano muchas veces es lo más importante, y que esa simplicidad es la que hace que todo lo demás cobre sentido.

Al final, viajar también es un aprendizaje de atención y pausa, de fijarte en lo que realmente importa y encontrar belleza en lo sencillo. Porque lo extraordinario muchas veces no está en lo espectacular, sino en lo que es verdaderamente natural y genuino.

 

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