Aquí no hay duda: donde pensamos que lo más absurdo no puede existir… existe. La fuerza del FOMO (fear of missing out) que han creado las redes es tan grande que incluso viajando se siente. ¿Y por qué? Porque siempre, siempre habrá alguien que haga un poco más que tú. Más divertido, más desafiante, más misterioso, más acompañado —y entonces piensas: “Qué guay, cómo encontró ese grupo”— o más solitario, y te dices: “Qué independencia, qué fortaleza, yo quiero ser así también”. Sea lo que sea, lo idealizamos y lo envidiamos. Al menos, eso me pasó a mí. Y me di cuenta de que el FOMO no aparece solo cuando estoy encerrada en casa.
Si viajas, como muchas personas, te darás cuenta: tú te vas a Bali a surfear y otra persona, además de surfear, hace una ruta de montaña y luego alquila un 4×4 con un grupo de amigos para recorrer la selva. Es gracioso. La admiras y te preguntas: “¿Por qué a mí no se me da bien surfear todavía? ¿Por qué no encuentro a nadie que quiera subirse (o pagarse, que claro, normal) un 4×4?” Una vez más, jugamos a ser nuestros propios enemigos.
Hasta que haces desaparecer a esa persona de tu mente, no por desprecio, sino por tu bienestar, y recuerdas lo que tú también has hecho. Te preguntas si realmente deseas eso que ves o si solo es un espejismo de tus inseguridades.

Recuerdo conocer a una chica india en la entrada del hostal. Empezó a viajar sola por Asia a los 16 años, y cuando la conocí ella tenía 18. Me contaba cómo recorrió todo el norte de Vietnam en moto, cómo conoció a gente maravillosa, fiestas, amigos… y todo sola, con gran independencia. Sentí admiración, y también un poco de envidia: “¡Wow, si empiezas tan pronto y sola, cómo debes madurar y confiar en ti misma!”
Pero, al profundizar en nuestra charla, me contó que durante muchos años había sufrido crisis mentales, problemas con el alcohol y mucha inseguridad física. Nunca debemos juzgar sin saber lo que hay detrás.
Al final, te das cuenta de que siempre habrá algo que te falta. Pero si te dejas arrastrar por ello, pierdes tu libertad. No hay que dejar de querer lo que nos excita y nos entusiasma por lo que vemos o escuchamos, pero tampoco permitir que eso nos domine sobre nuestro bienestar.
Poco a poco, lo demás llegará.