Es muy sencillo, muy, muy, muy fácil idealizar viajar. Al principio, yo no sabía por qué, pero ahora creo que lo entiendo. Cuando piensas en viajar y nunca lo has hecho antes, es algo tan abstracto que lo idealizas: lo pones como un sueño. No hay nada claro ni determinado, y se siente completamente libre. Es una idea que creas tú misma, porque no la has vivido aún y no hay sesgos.

Pero luego coges el avión y llegas sola por primera vez a un país que no conoces. Al principio hay miedo, pero por suerte el sudeste asiático es seguro. Aún así, te das cuenta de que verdaderamente estás sola en este mundo. Eso puede hacerte sentir triste, vulnerable y un poco perdida. Crees que no puedes encajar en la sociedad, y es un choque fuerte: pase lo que pase, solo estarás tú y nadie más.
Es muy fácil sentir que viajar es increíble y sonreír todo el tiempo, pero con los locales muchas veces no se podía establecer una conversación profunda. Con la risa, ellos son increíbles y sonrientes, pero las charlas eran limitadas. Conocí a muchos locales que me invitaron a comer; fue increíble, me hicieron reír un montón y no hizo falta nada más.
A veces, sin embargo, hubiese deseado poder conocerlos mejor, entender cómo piensan, cómo ven la vida, qué sienten. Conocer gente nueva y pasarlo bien es maravilloso, pero también cuesta encajar; al final no conoces a nadie de verdad, solo te conoces a ti misma, y todo el mundo ha vivido experiencias muy distintas.

Y sí, enamorarse viajando es otra historia. Es gracioso, pero también intenso. Puedes conocer a alguien con quien conectas muchísimo, idealizarlo porque estás de viaje y todo parece increíble… y luego darte cuenta de que no acaba para nada como esperabas. Todo se vuelve más intenso, y de repente un crucero en medio de las islas de Indonesia puede sentirse vacío; solo quieres estar a solas y llorar. Son experiencias aparentemente banales, sufrimientos muy banales, pero al final cada uno tiene los suyos, y no se pueden ignorar.

Viajar no es solo magia y aventuras; es conocerse a uno mismo, enfrentarse a la soledad, aprender a lidiar con la frustración y disfrutar, incluso en los momentos complicados. Y eso también forma parte de la experiencia real de viajar.
