¿Por dónde empezar…

Nunca pensé que vería tantos kiwis en mi vida. La verdad es que lo que lo está haciendo especial es la experiencia.

Cuando estuve en Auckland conocí a un grupo de gente en el hostel y todos decidimos ir a por la farming job en Opotiki, un pueblo de costa a unas 3-4 horas de distancia de Auckland en la isla norte.

Lo mejor de todo es que antes de llegar a Nueva Zelanda me dije que lo último que haría sería trabajar en las granjas porque mientras viajé por el sur este asiático hice un voluntariado de granja en Filipinas y me di cuenta de lo duro que era. Levantarse muy temprano (como a las 5:30 am), estar bajo el sol, cargar peso (como llevar la tierra del abono para las plantas), usar el pico para remover la tierra y aguantar malas posturas, etc.

Sin embargo, como acababa de recién comprar una van pensé vale, ahora casi no tengo dinero y lo más fácil es ir a un trabajo como el de los kiwis para ahorrar un poco y luego marchar. Mi idea era estarme dos semanas y pirarme de allí, pero tengo que decir que poco a poco me fui acostumbrando y sintiéndome muy a gusto. Hoy día 23 de noviembre, llevo ya casi dos meses en Opotiki.

Os voy a explicar un poco el día a día para justificar mi extensión. Con mi van me instalé en lo que sería una especie de residencia (o lo podemos llamar aldea hippie para que suene más frikada), y allí compartimos cocina, sala común y baños con el resto del grupo donde algunos duermen en van y otros en habitaciones compartidas. Nos despertamos sobre las 6:30 am, not too bad, y de allí vamos a la farm. Se suponía que yo iba a ir a la misma granja con mi grupo de amigos, pero la supervisora de ese grupo, que es graciosamente de Malasia pero racista, selecciona a quien le da la gana y a mí me canceló por simpática (a los asiáticos les odia pq dice que no saben trabajar bien). Así pues, acabé en otro grupo pero de la misma compañía, con un coreano de mi residencia y japoneses y una alemana y un inglés de otras residencias.

Al principio se me hizo un poco pesado en el trabajo, pero porque todos estaban bastante tímidos, un poco a su bola y, al fin y al cabo, el trabajo también es repetitivo. Eso sí, es mucho más fácil de lo que hice en mi voluntariado en Filipinas. Aquí se basa en, básicamente, el thinning, que significa reducir la cantidad de frutas o flores en las plantas de kiwi con el fin de mejorar la calidad y el tamaño de los frutos restantes. Y así, durante 9h, pim pam pum. La mejor parte: puedes ponerte auriculares mientras haces la tarea y eso me salvó la vida. De hecho, le pillé el gustillo porque gracias a eso me di cuenta de que di espacio a escuchar podcasts que antes nunca di. Por ejemplo, empecé a escuchar podcasts de política, de historia, de psicología, me puse también a aprender francés y, en los ratos de agotamiento mental, simplemente música disfrutona. Es curioso, pero sin darme cuenta estuve y sigo aprendiendo sobre muchos temas mientras trabajo, y eso me ha dado una gran satisfacción.

Después del primer mes, la gente de mi grupo de la granja empezó a abrirse mucho más y hasta ahora hemos estado haciendo muchos planes juntos. Uno de los que más me está gustando es el de ir al skate park de al lado de mi casa y ponernos con el skate a hacer truquillos como el ollie skate. De hecho, ahora que son las 23:56 am de la noche se han pasado por aquí para decirme si me unía a hacer un poco de skate en el parque, hasta este punto de afición. También me he dado cuenta de que el hecho de que la mayoría sean de unos 20 años (yo tengo 27 y lo intento llevar bien) hace que se active aún más mi espíritu energético.

Pues como decía antes sobre la rutina del día a día, después de la farm volvemos a casa y de allí, dependiendo del día, pasan varias cosas. A veces volvemos y básicamente nos volvemos a reunir con el otro grupo grande y cenamos juntos, nos actualizamos y pasamos muy buenos ratos. Unos haciendo el loco, otros jugando a cartas y los demás charlando y pasando buen rato. Otros días, me voy con mi amigo japonés Taiki (y de vez en cuando se unen otros) y nos vamos a correr. Esa rutina, la verdad es que me encanta y la echaré mucho de menos. Tener un compi de running y correr por la playa de Opotiki no tiene precio. Acabamos súper agotados pero mega satisfechos.

Otros días nos juntamos grupos de varias residencias y vamos a la playa a hacer hogueras y comer marshmallows con los palos que nos encontramos por ahí, poniendo música y gran parte del tiempo cantando mal. Y si no, organizamos olimpiadas y nos ponemos a jugar a juegos de beerpong y cosas internacionales para reírnos un poco y ahogar nuestras penas de kiwis.

En fin, con esto vengo a decir que al final una se da cuenta de que, más que el trabajo en sí, es todo lo que le acompaña. Sin duda hay momentos aburridos, ratos en los que piensas que hago aquí con los kiwis, agotada mentalmente por estar rodeada constantemente de gente y frustrada porque no sabes hasta dónde quieres llegar. Sin embargo, la gente que conoces, lo que sigues aprendiendo de ti, las experiencias que vives, las risas que te echas y los momentos bonitos que te llevas, lo llenan de momentos totalmente agradecidos y muy memorables.

Me voy a skatear, chao!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *