Es difícil saber por dónde empezar. Yo diría que lo inesperado lo creas tú. Claro que vendrán coincidencias y acontecimientos inexplicables que te hagan pensar: “esto sin duda era el destino”.

Hiking en mi segunda vuelta a Laos

Lo inesperado de viajar sola —en mi caso por Asia— es la nueva visión del mundo y de la vida que aparece de golpe. Sientes que vivir tiene otra forma. No sabes si te quitaron las gafas 3D o si te las pusieron por primera vez. Muchas veces parece que te las quitaron: que lo que vivías antes era lo virtual, lo automático. Pero al mismo tiempo recuerdas que estás en una posición privilegiada frente a lo que experimentas. Y, curiosamente, la vida te regala otra montura: empiezas a ver el mundo a tu manera, con tus decisiones y tus límites acompañándote a diario. Naufragas con otros náufragos, pero lo haces con intención de disfrute, no porque esa sea tu única realidad. Y eso tampoco hay que olvidarlo.

Lo inesperado del viaje son esos pasos que te llevan a otros pasos, los caminos que se bifurcan una y otra vez. Cada elección abre una puerta que nunca hubieras previsto. Son caminos que en la vida diaria estarían encerrados tras paredes de cristal; aquí se rompen, se abren y se entrelazan hasta terminar donde jamás imaginaste.

Recuerdo, por ejemplo, cuando dudaba con sufrimiento sobre si volver o no a Laos mientras estaba en China con una amiga. Podría parecer una tontería: “qué más da, ojalá ese fuese mi problema”. Pero yo lo vivía con angustia. Pensaba que si volvía a Laos perdería el tiempo, que tendría que gastar más energía en estar sola, que el tren era más caro que ir a Vietnam con mi amiga, que tal vez me pararían en la frontera porque mi pasaporte solo permitía una entrada sin visado, que no tenía sentido gastar dinero por otros 15 días allí.

Pero, amigas, el peor sufrimiento es el que nos imponemos a nosotros mismos. Decidí ir. Y fue lo mejor que hice. Porque lo inesperado me esperaba allí: conocí a la persona que se convertiría en mi compañero de viajes durante los siguientes cuatro meses.

Así que sí, lo inesperado no pudo ser mejor.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *