Mi viaje siempre fue con bajo presupuesto. No voy a poner números exactos, pero la idea era gastar lo mínimo posible para poder vivir viajando por más tiempo.
Sé que no a todo el mundo le apetece viajar así, y lo entiendo. Porque viajar low budget trae incomodidades: los sitios donde duermes no siempre son cómodos, los transportes se hacen largos y muchas veces improvisados, y todo requiere más energía. Te mueves más por tu cuenta, no tienes nada hecho por terceros, y además hay que poner mucha energía social en buscar las mejores opciones: lo más local, lo más económico, lo que realmente merece la pena.
Y, sin embargo, esas dificultades traen recompensas inesperadas. Gracias a viajar de esta manera, me he sentido más cercana a los locales, integrándome en su vida y aprendiendo de su día a día. He acabado en casas de familia que me transmitieron cariño, valores de compartir y enseñanzas que nunca olvidaré.

Además, viajar así te lleva a lugares inesperados. A veces un local te muestra un sitio especial que solo él conoce, otras veces encuentras a gente en la misma situación que tú y juntos decidís emprender nuevas aventuras. Esas sorpresas, esas experiencias genuinas, no habrían sido posibles viajando de otra manera.
Al final, viajar low budget es cansado y, a veces, incómodo, pero es precisamente esa simplicidad y esa independencia las que abren la puerta a las mejores sorpresas.
Cuando llegué a Bangkok, venía de Camboya con unos 15 dólares y cinco días por delante antes de continuar a Indonesia. Intenté hacer el experimento de sobrevivir con esa cantidad, y pronto me di cuenta de algo importante: aunque parezca lógico, no es tan fácil vivir con tan poco dinero, especialmente en una capital.
Lo que aprendí en esos días fue muy valioso: descubrí qué es realmente prescindible y qué no. Por ejemplo, todos necesitamos un lugar donde dormir, pero muchas veces priorizamos pequeños privilegios que se suman y encarecen la experiencia.
En mi caso, por primera vez probé Couchsurfing. No solo conseguí un lugar gratis donde dormir, sino que tuve la oportunidad de relacionarme con personas locales, compartir experiencias y conocer su día a día.
Claro, idealizar la experiencia es fácil: suena divertido ir a la casa de alguien y compartir viajes, pero no siempre es cómodo. Hubo momentos de incomodidad, sentir que invadía el espacio de alguien que apenas conocía, y en mi caso, como mujer, a veces solo había hombres que aceptaban huéspedes, lo que no siempre me resultaba cómodo.
Pero estas situaciones enseñan a confiar en la intuición y a escoger bien: si algo no te cuadra, no vas. Aprendes a protegerte y a valorar tu criterio.
A la vez, descubrí formas de vivir con menos: monasterios que ofrecían comida, comunidades que compartían recursos, y gente que te abría su hogar y sus redes. Esto me permitió conocer la vida diaria de locales y viajeros, entender cómo se mueve la gente y aprender a valorar el dinero de otra manera.
Curiosamente, cuanto menos dinero tenía, menos me importaba compartir. Aprender a vivir con lo justo me enseñó a ser generosa y abierta, y a valorar mucho más lo que realmente importa: las experiencias y las conexiones humanas.
Tips y prácticas: lo que aprendí sobreviviendo con poco dinero
Estos vienen a ser los tips que saqué de mi experiencia viajando con presupuesto ajustado:
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Presupuesto realista según el destino
Aunque tengas pocos días y poco dinero, calcula lo que realmente necesitarás según el lugar. Bangkok, por ejemplo, es caro y la capital siempre encarece todo. -
Prioriza lo esencial
Necesitas un lugar donde dormir y comida; los “pequeños lujos” se suman rápido y pueden arruinar tu presupuesto. -
Prueba alternativas como Couchsurfing
No solo es gratis: te permite conocer locales, integrarte en su vida diaria y aprender de su forma de vivir. -
Confía en tu intuición
Si algo te hace sentir incómoda o insegura, no lo hagas. Escoge tus experiencias según lo que te diga tu instinto. -
Aprende a vivir con menos
Monasterios, casas de locales o experiencias de intercambio pueden enseñarte a valorar tu dinero y disfrutar más con menos. -
Comparte y conecta
Cuanto menos dependes del dinero, más fácil es conectar y compartir con los demás, y esas experiencias suelen ser las más valiosas. -
Aprovecha las sorpresas y oportunidades
Al viajar low budget, todo es más improvisado: esto puede llevarte a lugares y experiencias que nunca habrías planeado, y conocer personas que enriquecen el viaje de formas inesperadas.